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¿QUIÉN CUIDARÁ A LOS ABUELOS?

  • Javier Terrazas
  • hace 9 horas
  • 6 min de lectura

24 de agosto 2026.


En el mundo y en México, hay una nueva realidad en el tamaño de la familia. Muy atrás quedaron las familias numerosas de seis hijos o más.

El cambio de la sociedad rural en la que los hijos eran mano de obra para las labores agropecuarias y representaban posibilidad de riqueza, quedaron lejanas en la nueva sociedad urbana, en que los hijos ya no cumplieron ese rol y se dedicaron al estudio para su formación técnica o profesional.

Al cambiar el rol de contribución a la generación de riqueza en la empresa o actividad familiar, para una inversión de largo plazo, se compactó en forma automática la familia.

Los grandes espacios de terrenos para vivienda y el tamaño de las viviendas de las zonas rurales, también se compactaron en las zonas urbanas de las ciudades medias y grandes.

Con esa dinámica que empezó a virar en hace más de 50 años, allá en la década de los setentas del siglo pasado a nuestros días, la pirámide poblacional se ha modificado sustancialmente.

En las familias de los años 1950, había familias rurales de hasta 15 hijos.

Luego se dieron las reducciones a 10 o 12 hijos.

La siguiente generación se compactó a 6 a 8 hijos

Y posteriormente a 3 a 4 hijos.

En la actualidad, las nuevas familias son más compactas, pues se quedaron en 1,2 o 3 hijos.

Son contadas ya las familias que tienen 4 o más hijos incluso en las zonas rurales de México, especialmente en el norte del país, entre esos estados, Tamaulipas.

E incluso, hay muchos nuevos matrimonios o parejas que optan por no tener descendencia y prefieren a las mascotas.

Una visón más individual de los objetivos y fines de la vida, en los que se antepone el interés personalísimo sobre el de procrear hijos y preservar la especie.

En el caso de Tamaulipas, el comportamiento de la población en los últimos veinte años ha sido el siguiente.

La población de 0 a 17 años era del 37.5% en el 2000; bajó a 34.1% en el 2010 y cayó al 29.7% en el 2020.

Mientras que la población de 18 a 29 años era de 23.3% en el 2000; se redujo al 20.5% en 2010; y bajó al 19.0 en el 2020.

En cambio, la población de 30 a 59 años tuvo un comportamiento contrario, ya que en el 2000 fue del 31.6%; para el 2010 llegó al 36.4%; mientras que en el 2020 era ya del 39.1 % de la población total.

Y finalmente, la población adulta mayor, de los 60 años en adelante, tuvo un crecimiento mayor, porque en el año 2000 fue del 7.6%; para el 2010 alcanzó el 9.0%; y para el 2020 escaló al 12.1%.

Es decir, 426 mil 227 adultos mayores, de una población general de 3 millones 527 mil 735 tamaulipecos.

La mayor esperanza de vida en promedio se ha incrementado, con un ligero descenso por la epidemia del COVID en 2020-2022, pero se encuentra arriba de los 70 y abajo de los 80, con ligera ventaja para las mujeres sobre los hombres.

En esta nueva realidad de la sociedad mexicana, en donde la pirámide población se modifica rápidamente, con tendencia a invertirse, es importante y urgente ajustar las políticas públicas de salud, asistencia social y legislaciones, para que desde los sectores públicos y privado se vele por la seguridad y protección de los adultos mayores en los espacios públicos y en los hogares o viviendas.

Al haber menos hijos e incluso en los casos de no descendencia, la atención de las familias a los adultos mayores se complicará, por lo que se puede convertir en una mayor responsabilidad para el Estado.

No necesitamos surcar más décadas, en la actualidad, existen ya cientos de casos de semiabandonado o de olvido total, de muchos ancianos en situaciones de gran vulnerabilidad.

Cierto que los gobiernos del presente siglo han ido ajustando las políticas públicas para dar una mejor atención a los ancianos, con el sistema universal de pensiones, en mejoramiento de pensiones ordinarias laborales, la atención médica, pero insuficientes ante el tamaño de la oleada de adultos mayores en condición de soledad que se avecina para los próximos lustros.

Visualizar desde ahora este fenómeno es fundamental para su previsión, a fin de que esta descanse mayormente en la propia sociedad, más que en las instituciones públicas.

Tiempo pues de reflexionar en los efectos de esta compactación de las familias, para adecuar las reglas sociales y urbanas y sobre todo las leyes, con la idea de buscar mayor calidad de vida por más tiempo en los adultos mayores, tanto en los espacios públicos, la atención médica, la activación física, la movilidad urbana, y de manera especial en el interior de las casas-habitación.

De otra forma, la pregunta obligada es ¿Quién cuidará bien a los abuelos?

Sobre todo, si no anticipamos esas nuevas reglas urbanas y leyes de protección personal para que esa llamada “época dorada”, realmente lo sea.

 

DE ESTO Y DE AQUELLO.

Hace ya varios meses que el Gobierno del Estado de Tamaulipas puso en operación la ruta de servicio de transporte público gratuito “Conecta”, con la idea de abonar a corregir las seriaos deficiencias que arrastra el servicio general de Victoria.  La mayor parte de las unidades tradicionales no cumplen con los requisitos para su operación por los modelos rezagados, condiciones físicas, desempeño de los operadores y placas vencidas y falta de conectividad adecuada para el traslado del hogar a los principales puntos laborales o comerciales. La nueva ruta Conecta mueve a más de tres mil usuarios diariamente y estos han probado la calidad en el servicio. Se trata de un proyecto piloto que trata de incentivar a los concesionarios para la modernización, el equipamiento digital y tecnológico para eficientar y dignificar el transporte público de Victoria. Habrá analizar que hacen las secretarías General de Gobierno a cargo de Héctor Villegas González y la de Desarrollo Urbano y Medio Ambiente, donde despacha Karl Becker Hernández, en las que descansan las áreas operativa y normativa a fin de que se dé la urgente y añorada evolución en el servicio… Por cierto, ahora que las autoridades encargadas de la vialidad andan cambiando las señales de alto en algunos sectores del primer cuadro de la ciudad, que estaban muy deterioradas, sería bueno que coordinaran una campaña especial de corte de ramas de árboles en los cruceros porque, en decenas de estos, de poco sirve la señalética si está cubierta por el follaje de las plantas en su mayoría sembradas por particulares en busca de sombra para sus viviendas. Cada día hay varios accidentes por esa causa, así que manos a la obra deben poner Livio Flores Rodríguez y sus agentes o bien en coordinación con Protección Civil o a través de requerimientos a los particulares…Mucho ajetreo en el comercio local por parte de los padres de familia en la búsqueda de útiles escolares y uniformes para sus hijos. Cierto que hay programas oficiales de apoyo a las familias de zonas más vulnerables y les entregan uniformes, mochilas y útiles, pero parece que no hay coordinación entre lo que entregan en esos programas o lo que requieren los alumnos de acuerdo a las listas y exigencias de los maestros, también habría que armonizar más esas acciones entre las Secretarías de Educación y Bienestar a cargo de Miguel Ángel Valdez García y Silvia Casas González, respectivamente. Y obvio los alcaldes de los 32 municipios beneficiarios…En el mismo tema educativo, pero en la educación superior, quienes estarán más atareados son los docentes de la UAT, porque de los cerca de dos mil 700 catedráticos asciende ya a 503 el número de reconocidos por el Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII), de acuerdo con los resultados de la convocatoria 2026 emitida por la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación y que significa un crecimiento anual mayor al 7 por ciento. Su rector, Dámaso Anaya Alvarado hizo el reconocimiento a quienes mantienen el grado y a quienes se integraron en esta etapa en donde se aprecia equidad de género, porque el 45.5 por ciento son mujeres y el 54.5 hombres. Labor que, obviamente debe reflejarse en mejor calidad de los egresados en cada una de las Facultades y Escuelas.



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